InicioAgregar a favoritosPoner como página de inicio
 
 
siguenos en feedsiguenos en facebook.comsiguenos en twitter.com
 
 
 
 
 
Paranormal - Cap. 7 FINAL

Alejandro, un poco inquieto vio su reloj, faltaban diez minutos para las diez de la noche. Todos permanecían en la sala esperando. - Papá ya tengo sueño - Iván bostezó profundamente. - Yo también papá - Claudia igualmente protestó...

SÉPTIMO DIA: (viernes)



Alejandro, un poco inquieto vio su reloj, faltaban diez minutos para las diez de la noche. Todos permanecían en la sala esperando.



- Papá ya tengo sueño - Iván bostezó profundamente.



- Yo también papá - Claudia igualmente protestó.



- Un poco de paciencia muchachos, ya no tardará mucho - Raquel contestando por Alejandro, echó un vistazo al reloj de la pared.



- Pero mamá ¿no tendremos que esperar hasta que se vaya? - Iván era el más enfadado.



- Iván, por favor, mañana no tienes clases - Alejandro encendió un cigarro.



- Pero es que empezarán otra vez a prenderse y apagarse las luces y bajará la temperatura - Claudia se arrellanó en el sillón restregándose los brazos con nerviosismo.



- Es que esto es necesario Claudia, precisamente para que ya no suceda - Raquel acarició el pelo de su hija.



La muchacha iba a contestar cuando sonó el timbre melodioso.



- !Allí esta ya! - Alejandro apagando su cigarro se levantó con rapidez.



Abrió la puerta encontrando a una mujer madura, pero aún muy atractiva, vestía enaguas negras, botas de piel negra, blusa negra y una pañoleta del mismo color amarrada a la cabeza que contrastaba con su blanca piel, parecía una misteriosa y bella gitana; completaba su atuendo un pequeño maletín de piel también negra, realmente se veía impresionante.



- Muy buenas noches, espero que sea el domicilio correcto - Olga sonrió.



- Si usted es Olga sí, es correcto - Alejandro contestó entusiasta y gratamente impresionado. Cuando la contactó por teléfono un día antes no se imaginó que fuese así, pensó que sería algo parecido a una bruja.



- Sí, soy Olga, y supongo que tú eres Alejandro - le extendió la mano amablemente.



- Efectivamente señorita, me da mucho gusto conocerla - le estrechó la mano con entusiasmo para enseguida decirle - Pase por favor, se lo suplico.



- El gusto es para mí, pero por favor, si no tienes inconveniente, no me gustan mucho las formalidades, así es que llámame de tú.



- Sí, por supuesto. Pasa por favor Olga - Alejandro hizo un ademán de cortesía para que avanzara la clarividente y experta en fenómenos paranormales.



- Muy amable. Con permiso - Olga dio unos pasos y se quedó viendo la casa en todas direcciones para luego exclamar - ¡Impresionante! … ¡Impresionantemente tétrica! ¡Eso me gusta! - Bajó la vista y reparó en el resto de la familia que la observaban en silenció, les sonrió.



Alejandro cerrando la puerta, la alcanzó y la llevó a la sala presentándole a su familia. Todos estaban asombrados con la enigmática belleza de la experta en los fantasmas, sobre todo Iván y Claudia. La bella mujer los saludó cordialmente, y enseguida  se sentaron. Cortésmente no aceptó nada de tomar, solamente un cigarrillo, que lo empezó a fumar con elegancia, al tiempo que escuchaba todos los detalles de los extraños sucesos de parte de Raquel y Alejandro.

Después, con notable habilidad, abrió su fino maletín y ante la fascinada mirada de los allí presentes, empezó a separar en la mesita de centro: Una botellita con agua y tapón de corcho que les dijo era bendita, un crucifico de plata, unas piedritas de cuarzo que les repartió una a cada uno, una pequeña linterna de mano, seis velas con sus portavelas también benditas, una palma bendita, y por último una especie de atomizador que les explicó, sobre todo ante la curiosidad de los muchachos, que contenía un polvo especial. Enseguida se puso de pie diciéndoles a los anfitriones con resolución.



- ¡Vamos! - el reloj de pared marcaba las 10.32 P.M.



Los muchachos se quedaron en el sofá al que previamente Olga rodeó con un círculo de piedritas de cuarzo, estos se cubrieron con una cobija gruesa a la luz  de dos velas benditas, ya que  las lámparas ordenó la misteriosa mujer que las apagaran. Comenzaron a subir las escaleras lentamente, alumbrándose solamente con  las velas que les dio y encendió a cada uno.



Terminaron de subir las escaleras y Olga se detuvo, levantó los brazos  con los ojos cerrados. Luego sacó la palma bendita y con ésta parecía cortar el aire en todas direcciones.



- ¿Qué pasa? - le inquirió Alejandro



- ¡Silencio, por favor! - la experta continuó avanzando.



Enseguida se escuchó con toda su fuerza el estrepitoso ruido ya tan conocido, como de un espejo que se rompe en mil pedazos. Los muchachos abajo gritaron, Alejandro alzando la voz les dijo que estuvieran tranquilos, Raquel también se había sobresaltado. Olga permaneció inmutable; con el agua bendita roció algunos rincones del pasillo. Llegaron a la puerta de la recámara donde el día anterior juntos con el clérigo habían escuchado la voz furibunda muy cerca.



Dieron los primeros pasos, estaba helada, muy helada; los perros de las casas cercanas comenzaron a ladrar furiosos. A lo lejos también se escuchó una ambulancia; la cazafantasmas avanzó hasta el centro mismo del cuarto, pareció concentrarse más, continuando los movimientos con la palma bendita.



- Una energía está muy cerca - lo dijo como para sí misma.



De pronto...Las luces se encendieron tenuemente, luego aumentaron su brillo un poco más para bajar nuevamente su intensidad, así se repitió varias veces hasta que se apagaron completamente. Olga musitaba quizá oraciones, entonces escalofriantemente se escuchó la voz áspera del adolescente diabólico proveniente de un lugar indefinido de la habitación.



- ¡Cómo están, estúpidos¡ ¿con que regresaron ahora con una payasa? … ¿Dónde está el padrecito? - La voz irónica y burlona la oyeron con toda claridad pero sin ubicarla exactamente.



Olga inmediatamente guardó la palma en su morral y sacó el crucifico, el cual lo levantó en la dirección que creía escuchar aquella voz, la intensidad de las luces nuevamente continuó subiendo y bajando. Luego se escuchó la voz rasposa, que decía:



- ¡Guarda eso estúpidaaaaa!



La experta localizó entonces la dirección, y sosteniendo el crucifico con una mano, con la otra sacó rápidamente el atomizador.



- ¡Que lo guardes, estúpidaaaa...Acaso no me oísteeee!



Con gran habilidad, Olga roció entonces abundantemente con el polvo especial. Enseguida todos vieron la figura del adolescente, ahora completamente blanco por el polvo, levitando a un metro de altura aproximadamente, su ropa era anticuada quizá del siglo XVIII.



- ¡Te vas a arrepentir, idiotaaaaa! - se replegó hasta un rincón levitando.



Olga con gran rapidez lanzó agua bendita en esa dirección, pero entonces a pesar del polvo desapareció, todo quedó en silencio.



- ¿Quién es ese ser, Olga? - Alejandro preguntó aquello con voz trémula, estaba muy impresionado.



- Es un Demonio menor.



- ¿Un Demonio menor? - se escuchó temblorosa la voz de Raquel.



- Sí, es un Demonio menor y espero no equivocarme - Ahora la mujer parecía un poco tensa.



- ¿Por qué crees que es un Demonio menor? - preguntó Alejandro en voz baja.



- Por sus características Alejandro. No puede mover objetos, sino, ya nos los hubiese lanzado, no tiene poder para ello; solo trata de asustarnos esperando que alguien esté mal del corazón.



Después se escucharon carcajadas por toda la casa.



- Es impresionante - musitó Raquel que no soltaba a Alejandro de la mano.



En eso, nuevamente se escucharon los gritos de los muchachos en la planta baja.



- ¡Está tratando de asustar a los chicos! ¡Vamos rápido! - Olga se movió con gran rapidez hacia la puerta de salida seguida por Raquel y Alejandro.



Bajaron las escaleras corriendo y al llegar a la sala encontraron a Iván y a claudia abrazados muy asustados.



- ¡Tranquilos muchachos tranquilos! ¡No pasa nada! ¿Qué fue lo que vieron? - Olga estaba muy controlada, parecía saber muy bien lo que hacía.



- ¡Prende la luz Alejandro! - gritó Raquel.



- ¡No, por favor! ¡Así déjenla! ¡Les aseguro que no pasa nada! - La voz de la experta sonó tajante.



- ¡Mamáaaa! ¡Papáaaa! ¡Llegó un niño flotandoooo! ¡Se detuvo ante la cerca de piedritas de cuarzoooo! - Claudia estaba histérica.



- ¡Tenía los ojos rojoooos! ¡Muy rojoooos! - Iván no soltaba a su hermana.



- ¡Vámonos de esta casa, papáaaa!- exclamó aterrorizado.



- Tranquilízate Iván, los que se tendrán que marchar son los fantasmas. ¿Verdad que así será, Olga? -Alejandro buscaba el apoyo de la exorcista.



- Así será Iván, Claudia, se irán, no son los primeros que expulso a su mundo, a su dimensión - Olga dirigió la mirada hacia la planta alta completamente oscura, luego les dijo - ¡Ahora escúchenme bien todos! - los miró con expresión seria, adquiriendo de pronto una recia y nueva personalidad, la de una mujer valiente, con carácter, decidida a todo.



- El niño diabólico sí es un demonio menor, pero hay otros seres que se han despertado, por decirlo así. Sobre todo uno; lo he sentido, este es peligroso.



- ¿Qué piensas hacer Olga?



- Lo siguiente, Alejandro - Olga lo miró a los ojos fijamente, estaba transformada.



- Es necesario que Uds. permanezcan también dentro del círculo de cuarzo. Además, les dejaré parte del agua bendita. Raquel, dáme un recipiente para pasarla - Y continuó- volveré a la planta alta yo sola. Pase lo que pase, escuchen lo que escuchen, no salgan del círculo ni se separen del agua bendita, además encenderemos dos velas más.



- ¡Olga! ¿Acaso es tan serio el problema?



- Más de lo que suponía, Alejandro. No son fantasmas chocarreros, bromistas y juguetones, como en la mayoría de los casos. Esta vez son seres perversos que, por algún motivo, permanecen aquí.



- ¡Qué motivos Olga, por dios! ¿Acaso es tan terrible?



- No sabría decirlo hasta dónde Raquel, pero es lo más probable, casi nunca me equivoco. La sensibilidad que tengo para percibir lo paranormal es parte de mi naturaleza, así nací… ¿Que por qué permanecen aquí esos seres? Es muy difícil saberlo, sólo sé que realmente están ahí, que el bien y el mal es una verdad universal; a veces hay lugares donde se cometieron crímenes horrendos. Puede haber fantasmas de diferentes épocas que no consiguen evolucionar al siguiente plano o dimensión, pero también entes oscuros saboreando aún lo terrible que aquí pasó.



Olga pareció entonces musitar una oración con los ojos cerrados. Enseguida comenzó a subir lentamente las escaleras, estaba de regreso. Alejandro le dijo que le permitiese acompañarla, pero ella se negó rotundamente. Ahora llegó al último escalón de las gradas; todos la observaban con tensión desde abajo. Después, desapareció con la tenue luz de la vela bendita en la oscuridad de los pasillos.



La mística mujer regresó a la habitación donde lograron ver hace un momento, a lo que la experta calificó como un demonio menor. Con el crucifico por delante revisó toda la enorme recámara que permanecía en un pesado silencio. También buscó en el otro cuarto amueblado, todo era silencio, sólo ruidos externos llegaban apagados, como de perros que no cesaban de ladrar, entre otros. Salió a los pasillos, entonces le pareció escuchar un ruido del otro extremo en donde había tres cuartos vacíos. Comenzó a avanzar en esa dirección sosteniendo con firmeza la parpadeante vela bendita. También traía su pequeña y potente linterna, que sólo utilizaba en casos extremos. Volvió a escuchar el ruido, aguzó el oído y lo captó mejor, era como algo que se arrastraba, un suave rozar de  tela con el piso. Llegó a uno de los cuartos, giró la perilla lentamente tratando de hacer el menor ruido posible; estaba sin seguro, empujó con mucho cuidado, pero aún así rechinó levemente cuando la abrió; sintió un aire helado y olía a  humedad.



Sus manos y rostro se tensaron cuando comenzó a penetrar, apretando el crucifico llegó hasta el centro, la sombra de su cuerpo se reflejaba grotesca en la pared a la tenue luz de la vela. Escuchaba su respiración más agitada de lo normal. De pronto, aquel  sonido lo volvió a escuchar; Ahora lo identificó y el corazón le comenzó a latir más apresuradamente, provenía de afuera, del pasillo y era un cuerpo que se arrastraba lentamente, pero sólo unos segundos y enseguida todo fue silencio nuevamente. Se dio la vuelta y empezó a caminar hacia la salida entonces; el tremendo estrépito de un vidrio enorme que se rompe en mil pedazos estalló en ese mismo lugar, allí donde se encontraba. No pudo evitar un grito; más enseguida se controló. Abajo, Alejandro le gritó:



- ¡Olgaaaaa! ... ¡Estás bieeeennnnn? - empezaba a subir los primeros escalones.



- ¡Sí, Alejandro! ¡Estoy bien! ... ¡Por favor, no subas! ... ¡Y regresa al círculo de piedras inmediatamente.



Alejandro regresó lentamente con su mujer y sus hijos, que estaban en el círculo de cuarzo y cuatro velas benditas.

Arriba, Olga salió de la enorme habitación a los pasillos nuevamente en la casi total oscuridad. Con su mano derecha sostenía el crucifico y con la izquierda la vela bendita. Todo nuevamente era silencio, agudizó los sentidos para escuchar mejor o ver cualquier cosa que se moviera. Ahora, empezó a escuchar un llanto al fondo, quizá en el último cuarto. Decididamente avanzó la valiente mujer con los músculos en tensión; ella contaba con mucha experiencia, pero esto era único. Sus sensibilidades le avisaban de que estaba llena de seres aquella casona. Cuando se acercaba al lugar donde el llanto se oía más fuerte y claro, de pronto cesó. Giró la perilla del tercero y último cuarto y lo entreabrió; también sintió una corriente de aire helado y humedad; empujó la puerta un poco más, la cual rechinó lúgubremente, y se introdujo; inmediatamente lo sintió sumamente frío. Llegó al centro, su sombra se reflejaba grotesca en la pared que se alargaba o encogía, según sus movimientos; permaneció unos instantes con los sentidos alerta, luego dio media vuelta para regresar. Había caminado tres pasos cuando se le enchinó la piel. Alguien empezó a sollozar en un lugar de la oscura habitación. Levantó la vela para iluminar más el lado de donde provenía aquel llanto. En un rincón distinguió una oscura mancha en el piso, entonces el llanto se hizo más lastimero.



A pesar de su acostumbrado aplomo, sintió los principios del terror. Sin embargo, haciendo acopio de todo su valor, se fue acercando lentamente. Sin soltar la vela, con la otra mano guardó el crucifico en su morral y extrajo la potente linternita;  tratando de sorprender a aquello, la encendió con rapidez lanzando el haz al rincón… Lo que vio le congeló la sangre en las venas, y un rictus de terror se configuró en su rostro conteniendo un grito.



Una horrible mujer de ojos rojos, cabello alborotado, y largas uñas; estaba sentada en el piso, la cubría hasta los pies, que no se le veían, una especie de túnica café. Con una mano acariciaba maternalmente al niño diabólico. El llanto ahora era doble; pero desquiciantemente vio en el paroxismo del terror que ambos seres sonreían, o sea, el llanto no existía, era satánicamente fingido. Luego, ante el parálisis de horror de Olga, la horripilante mujer comenzó a arrastrarse en su dirección sin dejar de llorar sonriendo. Entonces le dijo con una escalofriante cacofonía.



- ¡Agrediste a mi niño! ¡Eres una cerda estúpida!



El alarido se escuchó por toda la mansión. Alejandro le gritó:



- ¡Olga! ¡Olga! ¡Qué pasa? - Todo era silencio.



No lo pensó más, salió del círculo y corrió escaleras arriba. Raquel abrazó a sus hijos. En el último escalón Alejandro se detuvo estupefacto. Olga caminaba como autómata, con la mirada perdida y sangraba de la cara, la habían arañado.



- ¡Olga por Dios! ... ¿Qué sucedió? - Alejandro no lo podía creer.



- ¡Raquel! ... ¡Llama a una ambulancia! ... ¡Rápido!



- No, por favor… Estoy bien - la voz de Olga la oyó serena, convincentemente serena, la cual continuó avanzando rumbo a la salida.



Raquel, lván y Claudia, la observaron pasar sin que volteara a verlos siquiera. Después del grito que dio parecía muy calmada, extrañamente calmada. Alejandro regresó con su familia, que permanecían en el círculo de cuarzo y les comentó apresuradamente.



- ¡No se muevan! ¡No salgan del círculo! ¡Iré a ver qué le pasó y desde luego la llevaré a un doctor!



En ese instante se escuchó el encendido y arrancón del carro de Olga. Alejandro salió corriendo cuando ella se alejaba a toda velocidad. Sería imposible seguirla y alcanzarla, tendría que sacar la camioneta. Regresó al interior; todos estaban consternados; trató de sonreírles.



- ¡Bueno! ... Quizás no es para tanto… Tal vez se impresionó con el ruido de los vidrios que todos conocemos, y al correr se lastimó la cara con un alambre.



- ¡Alejandro! ¡Eso no es posible! ... ¡Algo horrible le sucedió! ... Su aparente serenidad era muy relativa… ¡Más bien parecía que había perdido la razón!



- Guardemos la calma, Raquel… Ella es una profesional de lo desconocido y estará acostumbrada.  En cuanto sea prudente le llamaré por teléfono, quizá en la mañana.



- ¡Papá!  ¡Vámonos de aquí, por favor! - dijo Claudia aterrorizada.



- ¡Sí, papá! ... ¡Vámonos yaaa! - Iván estaba llorando.



- Claro que nos iremos… Pero será al amanecer, quizá a un hotel. Mañana podremos hacerlo porque es sábado – Alejandro, abrazando a todos, continuó:



- Ahora vayámonos a dormir. Le hizo un imperceptible guiño a Raquel para que lo apoyara.



Olga seguía acelerando por las casi solitarias calles, cada vez se acercaba más a la periferia. Atravesó el libramiento, ahora estaba afuera de la ciudad, enormes árboles de eucalipto bordeaban la carretera iluminada amarillezcamente por una luna semillena. Unas manos en forma de garras por las largas uñas, maniobraban el volante curveando con destreza; la horrible cara de la mujer reflejaba sus ojos rojos como brazas en el espejo retrovisor; solamente la ropa era de Olga. Por un lado, en el asiento del copiloto, el niño satánico volteó hacia su horrorosa madre y con voz áspera le dijo…



- ¿Hasta dónde iremos, madre?



- ¡Ya llegamos mi pequeño! ... ¡La perra lo pagará en este momento!



Entonces pisó el acelerador, dirigiendo el automóvil a uno de los árboles estrellándolo con enorme fuerza. El cuerpo de la bella vidente y experta en lo paranormal quedó prensado entre los hierros retorcidos. Curiosamente el rostro no mostraba ningún golpe, salvo los arañones anteriores, y un rictus de angustia infinita. Así la encontraron los paramédicos y patrulleros que, a pesar de estar acostumbrados a su oficio, se impresionaron profundamente; Estos últimos hacían señales a los automovilistas casuales de la madrugada para que siguieran su camino.



Iván y Claudia ya estaban dormidos al centro de la cama, Raquel y Alejandro en los extremos; aunque lo quisieran, no podían dormir. A la tenue luz de la lamparita de mesa Alejandro vio el reloj, las 3.00 a.m. Ya habían comentado hasta el cansancio los impresionantes acontecimientos. Por supuesto, a los dos les preocupaba Olga; en la mañana buscarían su domicilio en el directorio telefónico o le preguntarían a alguien e irían a su casa, una vez instalados en algún hotel, pues a primera hora abandonarían la espantosa casona colonial. Entonces Raquel le susurró…



- ¿Estás escuchando?



- Sí que estoy escuchando, Raquel.



- ¡No lo puedo creer, Alejandro!... ¡Parece que hay una fiesta abajo!



Efectivamente, en el piano tocaban una melodía clásica, copas de fino cristal que chocaban en un brindis, platos y cubiertos sonaban, y una cascada de murmullos, voces y risas se oían con toda claridad. Alejandro se levantó lentamente y desde luego, permanecían vestidos con la ropa ordinaria, Raquel hizo lo mismo; lo hicieron con el menor ruido posible para no despertar a los muchachos. Alejandro tomó el revólver, con un ademán le señaló a su mujer que no se moviera; Raquel en voz muy baja pero resuelta, le contestó que lo acompañaría. No teniendo alternativa, Alejandro llegó hasta la puerta seguido por Raquel. En silencio la abrieron y se dieron cuenta de que había luz en una sola fase; avanzaron por el pasillo. Conforme se acercaban a las escaleras, los sonidos de la fiesta eran más claros. Por fin llegaron a un punto del pasamano de hierro forjado en que pudieron ver de lleno toda la planta baja. Ambos abrieron los ojos desorbitadamente: Raquel se llevó las manos a la boca para contener un grito de terror.



La visión que se presentó ante sus ojos era en verdad terrorífica, desquiciante, una pesadilla despiertos. Ciertamente, se efectuaba una fiesta, pero de fantasmas. Innumerables personajes vestidos como en el siglo XVIII o XIX flotaban a la mitad entre el piso y el techo; también flotaban las mesas sillas y otros objetos, incluso el piano con su banquillo movidas las teclas por dedos invisibles. Todos, hombres y mujeres, charlaban y reían animadamente en un español anticuado. Raquel, al no poder soportar aquello empezó a perder el sentido; Alejandro la sostuvo con firmeza y semiinconsciente la condujo lentamente hacia la habitación, la recostó en la cama con la cabeza sobre almohadas; luego sacó del botiquín alcohol y se lo aplicó en la cara con un trapito.

Ésta reaccionó, al abrir los ojos quiso gritar pero él le tapó la boca con suavidad. La fiesta de fantasmas abajo proseguía.



Después de asimilar lo inverosímil, Raquel pudo hablar en voz baja.



- ¡No puede ser, Alejandro, es increíble! ¡Debe ser una pesadilla, por Dios!



- No, Raquel… Es una realidad; los fantasmas existen, están quizá en otra dimensión, como lo dijo Olga.



- ¡Pero Olga dijo que eran seres perversos!



- Raquel. Yo no entiendo mucho de estas cosas, supongo que unos son perversos y otros no, o quizá todos son malos, no lo sé. Lo que sí sé es que debemos de protegernos y ojalá no despierten los muchachos.



- ¡Pero protegernos! … ¿Cómo?



- Con las piedras de cuarzo y las velas benditas, además del crucifico que tenemos, el cual está bendito.



Alejandro cogió las piedras y las velas que tuvo la precaución de subir cuando Olga salió, además del crucifico familiar. Con cautela abrió la puerta viendo que las luces seguían en una fase. Un frío intenso, anormal, sacudió su cuerpo. Los fantasmagóricos ruidos y voces se escuchaban claramente. Tratando de hacer el menor ruido posible encendió las cuatro velas y las acomodó en el piso, luego las rodeó en semicírculo con las piedras de cuarzo, tal como lo había hecho Olga.

Después recargó el crucifico en el quicio de la puerta y la cerró despacio. Todo esto lo hizo en la más completa tensión, pues sabía que a unos cuantos pasos flotaban aquellos seres de ultratumba. Regresó con Raquel, que estaba temblando.



- Tranquila mujer, nada pasará.



- ¡Alejandro! ... ¡Acompáñame a rezar quedito!



Ambos comenzaron a rezar lo que sabían. Raquel recordó las letanías, que son un fuerte exorcismo que utiliza el catolicismo. Esta oración se acostumbra en los velorios para alejar al Demonio, según se acordaba. De pronto los ruidos fantasmales cesaron por completo. En el silencio, se escuchaban ladrar los perros de las cercanías, parecían alarmados. Varias veces lván y Claudia estuvieron a punto de despertar por sueños inquietos, pero afortunadamente no lo hicieron. Entonces se estremecieron, cuando el cuerpo que se arrastra se escuchó claramente que se acercaba con aquel llanto lastimero. Raquel oprimió con fuerza el brazo de su marido.



- ¡Alejandro, por el amor de Dios! ... ¡Ahí viene eso que se arrastra y llora! ... ¡Jesús María y José!... ¡Qué será eso tan horrible? - Raquel enfatizó más la letanía.



- ¡No pasará nada Raquel, Cristo Jesús está con nosotros te lo aseguro! - Alejandro trataba de infundirle valor y dárselo así mismo.



Aquel terrible roce de un cuerpo que se arrastra llorando se iba acercando poco a poco. Llegó muy cerca de la puerta. Raquel estuvo a punto de gritar histérica. Lo hubiese hecho, pero en eso, aquello pareció retirarse presuroso seguramente rechazado por las protecciones de la puerta. El llanto se siguió oyendo en alguno de los cuartos vacíos del fondo. Un rato después se escuchó el cercano canto de un gallo, y como si aquello hubiera sido una señal, todos los ruidos se acallaron. Entonces Alejandro vio su reloj, marcaba las cinco de la mañana. Recordó que alguna vez había leído que el canto de los gallos anuncia la proximidad de la aurora y ahuyenta a todos los seres de la noche.



- ¡Mujer! ... ¡Creo que estamos a salvo! ... ¡Ya no se escucha nada, el canto de los gallos aleja a los seres de la oscuridad!



- Pero Alejandro… Aquí los fantasmas o lo sobrenatural se ven hasta en el día.



- No sabría responderte eso Raquel… Lo que sí, es que la aurora se acerca y el canto de los gallos suena a música celestial. Abrazó a su esposa y le dijo:



- Vamos Raquel, trata de dormir un poco, parece que la pesadilla ya terminó. Muy temprano nos iremos.



Raquel, un poco más calmada, cerró los ojos. Por supuesto que no podía dormir, lo que vivieron fue demasiado fuerte. Pensaba en Olga ¿Qué sería de ella?  Le agradecía a Dios que sus hijos no hubiesen despertado, seguramente las mismas tensiones les produjeron un pesado sueño.



UN POCO DESPUÉS se levantaron, empaquetaron lo indispensable y salieron de ahí para instalarse en un cercano hotel. En cuanto el agente les consiguiera otra casa mandarían a la mudanza por sus cosas. Alejandro compró un periódico local. Cuando observó la nota roja le dio un sobresalto, pues con grandes letras decía el encabezado…



<<“MURIÓ PRENSADA EN SU CARRO AL CHOCAR CONTRA UN ÁRBOL, CONOCIDA VIDENTE Y PSÍQUICA. Se le conocía como “OLGA”.  Al parecer el exceso de velocidad fue la causa, aunque el extraño rictus de terror que mostraba hace suponer que era consciente de que se acercaba al árbol en el que se estrelló, sin poder hacer nada. Quizá un fallo mecánica propició que el acelerador se le pegara, etc.”>>



Afortunadamente, su agente les consiguió otra casa más adecuada rápidamente. Alejandro y Raquel personalmente supervisaban que los de la mudanza subieran sus cosas sin daño alguno. Solamente quedaba el piano, cuando de pronto los dos obreros que permanecían dentro de la casona salieron corriendo:



- ¡Patrón!  ¡Patrón! ... ¡No amuele el piano, comenzó a tocar sólo! – el buen hombre estaba asustado.



- ¡De veras, jefe! ... ¡Las teclas se movieron solas! - apoyó el segundo a su compañero.



- ¡Acompáñenos patrón, de verdad que allí asustan, y en pleno día!



- ¡Si no nos acompaña. De plano no nos metemos por el piano! ... ¿Verdad compañero? - Miró a su colega el cual aseveró con la cabeza.



- Claro que sí, los acompaño muchachos. Aunque les diré, el piano suele tocarse solo por una falla en el mecanismo, no se asusten. Pero por supuesto, vamos a entrar juntos.



Terminaban de subir el piano, cuando todos escucharon el gran estrépito del espejo o vidrio que se rompe en mil pedazos; ahora ampliado en sus ecos por lo vacío de la mansión. Los trabajadores se movieron con sobresalto y hasta Raquel, que ya conocía muy bien aquello.



- ¡Ya ve patrón! ... ¡No que no asustaban! - dijo uno de ellos santiguándose.



- ¡Yo ya había escuchado historias de esta casa. Dicen que aquí espantan hasta en el día, como horita!- comentó el otro trabajador santiguándose también.



Raquel instintivamente tomó a su marido de la mano. Alejandro, tratando de mostrarse sereno, les comentó con fingida naturalidad:



- No hagan caso, muchachos. Hay fenómenos que parecen sobrenaturales, pero que en realidad no lo son. Por ejemplo los ecos retardados, a veces se manifiestan incluso años después, etc.

Mientras, Raquel echó un último vistazo desde la banqueta a la siniestra casona colonial antes de que Alejandro cerrara la puerta, y al hacerlo, los goznes crujieron lúgubremente. Recordó lo que le comentó una empleada del hotel donde se hospedaban por el momento.



“…Esa casa, señora… Nadie la ocupa… Dicen que los que la rentan terminan locos o mueren de manera extraña… Comenta la gente que por las noches se escuchan voces, alaridos, gritos, llantos, carcajadas, gemidos, música, y entonces los perros ladran…”







FIN






*NOTA: Se trata de una historia basada en hechos reales. Esto le sucedió a una familia en la década de los 70 en Morelia, Michoacán (México).






José Silva Vázquez


Votar:
 
 
 
 
 
 
fantasmas videos hampton psicof la llorona cordoba duendes fotos madrid ouija slenderman vampiros VDEOS juegos albacete



Web desarrollada con Iwcms.com
Impresiones Web, SL. C/ San Bernardo, 123, 7ª Planta;28015, Madrid (España).Tlf: +34 911 61 01 13 E-Mail : info@impresionesweb.com
Inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, Tomo 19602, Folio 112, Sección 8ª, Hoja M-344480, con CIF B-83844787.