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Paranormal - Cap. 6

El sacerdote llegó a la casona tal y como se comprometió un día antes. Estaría puntual a las ocho de la noche la hora de las ánimas. Alejandro lo recibió cordialmente, conoció un día antes al padre Santiago, párroco de un cercano templo; pasaron a la sala donde permanecían Raquel, Claudia e Iván. Los presentó, luego le preguntaron cortésmente si deseaba un café o un té antes de comenzar...






SEXTO DIA: (jueves)



El sacerdote llegó a la casona tal y como se comprometió un día antes. Estaría puntual a las ocho de la noche la hora de las ánimas. Alejandro lo recibió cordialmente, conoció un día antes al padre Santiago, párroco de un cercano templo;  pasaron a la sala donde permanecían Raquel, Claudia e Iván. Los presentó, luego le preguntaron cortésmente si deseaba un café o un té antes de comenzar. El sacerdote les contestó que aceptaba el café para que, mientras tanto le platicaran con más detalles los fenómenos de la casa. Así lo hicieron; él los escuchó impávido, para seguidamente ponerse de pie y decirles:



- ¡Vamos de una buena vez!



El clérigo besó respetuosamente la estola y se la colocó alrededor del cuello, tomó su biblia y el recipiente especial conteniendo el agua bendita, a lo que Alejandro inmediatamente se ofreció a ayudarle llevándola. Les dieron instrucciones a Iván y Claudia para que permanecieran en la sala y por ningún motivo se movieran de ese lugar. Entonces, lentamente procedieron a subir las escaleras para acceder a la segunda planta, caminando el padre Santiago por delante. Se dirigieron directamente a la recámara anexa a la matrimonial, donde asustaron por primera vez a los muchachos. Raquel se adelantó para abrir la puerta y encender las luces; como ya era común en ese lugar, se daban cambios bruscos de temperatura, ahora estaba muy fría, el padre lo notó claramente. Caminó hasta el centro del enorme cuarto y desde allí empezó a rociarlo con agua bendita al tiempo que musitaba oraciones leídas de la biblia. Alejandro y Raquel observaban a cierta distancia en silencio; unos minutos después la temperatura descendió más aún, para enseguida las luces de las dos lámparas colgantes quedar en una fase. Los muchachos abajo gritaron y Raquel tuvo que bajar a tranquilizarlos, el sacerdote enfatizó sus oraciones y prosiguió impregnando con agua bendita todos los rincones de la habitación. De pronto las luces regresaron a su máxima intensidad y enseguida nuevamente a medio alumbrar, así repetidamente, además de que una presencia se sentía notablemente que estaba muy cerca... luego se escuchó la furiosa y áspera voz de un adolescente que decía:



- ¡Lárguense! ¡Fuera de aquííííí, estúpidos!



El religioso quedó estupefacto ante aquel fenómeno, no lo podía creer.



- Padre Santiago, la voz de ese niño o adolescente la escuchamos con frecuencia - Alejandro lo mencionó, como para  amortizar el impacto en el sacerdote.



Éste, volteando rápido hacia donde creyó que provenía la voz roció abundantemente con agua bendita. Para enseguida escucharse…



- ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja...  Estoy muy lejos de tu agua putrefacta, ¡nunca lograrás tocarme! ¡Y ahora les vuelvo a decir... salgan de aquí y déjense de idioteces... ¡fueraaaa!



Las luces seguían subiendo y bajando de intensidad demostrando la energía del ser.    



- ¡En nombre de Cristo Jesús, te ordeno que el que salga seas tú... ¡Deja en paz a esta familia de Dios! El sacerdote continuaba lanzando agua bendita en todas direcciones.



- ¡Pobre imbécil!  ¡Nunca lograrás alcanzarme con tu agua! ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja!



- ¡No estés tan seguro...Tú solamente eres un ser infeliz de las sombras que no tienes poder contra Cristo Jesús! Al decir esto, el padre redobló esfuerzos en su intento por alcanzar al ente con el agua bendita. Todo fue silencio, tal como si pareciera que el ser se había ido.



- Vamos a salir, parece que lo ahuyenté con el agua bendita.



Enseguida la luz regresó normal. Entonces continuaron rociando y bendiciendo el resto de la casa, en donde no se produjo ningún otro acontecimiento extraordinario.

Después se reunieron en el comedor, el padre Santiago estaba cansado. Le ofrecieron otro café con un cigarrillo que aceptó gustoso, pues lo necesitaba.



- Espero que ya no regrese, que con esto haya sido suficiente. Aunque nada es seguro con los seres de ultratumba - el padre Santiago dio un sorbo a su café y fumó a su cigarro con expresión aún de asombro.



- Pero padre Santiago, ¿por qué no se manifestaron los demás seres que con toda seguridad deambulan por la casa? - Raquel preguntó al sacerdote muy intrigada.



- No sabría responderte con exactitud Raquel, el mundo de los fantasmas y de los demonios es casi completamente desconocido, lo inesperado sucede, no tiene lógica por supuesto - Enseguida se puso de pie para retirarse.



- No sabe cómo le agradecemos su ayuda padre Santiago - Alejandro le tendió la mano sinceramente.



- No cantemos victoria aún, Alejandro. Por favor avísenme de cualquier cosa - el sacerdote les dio la mano a cada uno; parecía querer salir de ese lugar cuanto antes. Alejandro y Raquel lo acompañaron hasta la puerta. Regresaron con sus hijos que permanecían juntos con cara de asustados.



- ¿Ya no se aparecerán los fantasmas papá? - preguntó el pequeño Iván.



- Seguramente que ya no, hijo. El agua bendita que arrojó el padre los ahuyentará - Alejandro abrazó al pequeño para infundirle confianza.



Después de una cena frugal se retiraron a la habitación de todos. Los relojes marcaban las diez de la noche; los muchachos de inmediato se quedaron dormidos. Al poco rato, Alejandro también lo hizo. Raquel como frecuentemente le sucedía, no podía conciliar el sueño fácilmente; así es que cogió una revista que estaba al lado. Un poco después escuchó, apagadas por la distancia, once campanadas en el reloj de péndulo de la sala. Entonces empezó a distinguir muy débilmente al principio, el llanto de la mujer que ya había escuchado con anterioridad. Parecía en la planta baja; dejó de leer la revista que sostenía y puso atención. No había duda, el llanto lastimero se acercaba lentamente, parece que subía las escaleras, cada vez estaba más y más cerca. Conforme se aproximaba, oía más claramente cómo aquello se arrastraba produciendo un intenso roce con el suelo. Raquel estaba tensa, iba a mover a Alejandro para que despertara cuando escuchó con un escalofrío que ahora eran dos llantos, también el de un niño o adolescente. Inmediatamente pensó en el niño fantasma o diabólico; no esperó más y movió a Alejandro. Éste despertó de inmediato, Raquel le tapó la boca para que no hablara y le pidió silencio con una seña. Alejandro entendió y entonces los dos escucharon estupefactos cómo aquellos gemidos escalofriantes estaban afuera, en el pasillo.



Temiendo que despertaran los muchachos, se pusieron de pie rápidamente; Alejandro tomó el revólver, Raquel un crucifico y caminaron hacia la puerta. Cuando estaban muy cerca de ésta, los llantos cesaron. Alejandro la abrió sin titubeos, no había nadie, sólo un aire helado los cubrió totalmente. Cerraron la puerta tras ellos y continuaron caminando en la semioscuridad; los llantos los escucharon entonces en las escaleras, parecía que se alejaban rápidamente. Alejandro prendió las luces cuando los gemidos se oían en los cuartos vacíos del fondo. Entonces ya no se oyó nada, lo único que quedó fue el furioso ladrar de los perros de las casas cercanas que, con su fino oído, parecían escuchar también aquello, otros aullaban lastimeramente. Encendieron las luces de la planta baja y revisaron juntos minuciosamente, todo estaba en silencio. Regresaron con sus hijos que seguían durmiendo profundamente; se volvieron a acostar, entonces también rezaron en voz baja para que aquellos seres se alejaran. El resto de la noche se escucharon vagamente voces y diferentes ruidos, a los que procuraron no hacer caso, sabían que eran parte de los increíbles sucesos paranormales de esa casona.



Continuará…





*NOTA: Se trata de una historia basada en hechos reales. Esto le sucedió a una familia en la década de los 70 en Morelia, Michoacán (México).





José Silva Vázquez




 


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