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Paranormal - Cap. 4

- ¡Ya voy! ¡Ya voy! - Raquel dejó de fregar platos y tazas ante el melodioso timbre activado desde la calle; secándose las manos en el mandil, se dirigió a la puerta abriéndola...

CUARTO DÍA: (martes)


 


- ¡Ya voy! ¡Ya voy! - Raquel dejó de fregar platos y tazas ante el melodioso timbre activado desde la calle; secándose las manos en el mandil, se dirigió a la puerta abriéndola.


- Buenos días señora. Me mandaron de la agencia - una simpática muchacha trigueña, delgada, y con lentes bifocales le sonreía un poco nerviosa.


- ¡Vaya! ... Qué eficiente agencia de empleos… Apenas ayer pasé para solicitarles una empleada doméstica -  Raquel también sonreía.


- Pasa por favor ¿Cómo te llamas? - estaba realmente contenta, pues en la enorme casa había mucho trabajo.


- Mi nombre es Aidé señora, y espero ser útil.


- Lo serás mucho Aidé, como puedes ver la casa es muy grande, desde luego yo ayudaré y mis hijos cuando puedan.


- En efecto es enorme señora… Creo que se necesita más de una persona para mantenerla limpia y ordenada.


- Sí, por supuesto, pero permíteme explicarte cuál será tu trabajo. Entendió la sutil sugerencia de la empleada para que contratase más personal.


- Lo que pasa es que no esperábamos que el agente de bienes raíces nos consiguiera una casa tan grande, quizá luego rentemos una chica más, pero no te preocupes, sólo te pediré el aseo de ciertas partes - Raquel empezó a temer que se arrepintiera.


- Bueno señora, si usted me dice cuáles son esas partes, yo francamente le diré si acepto o no.


- Sí, por supuesto. Espero que estés de acuerdo; y ¡Oh! Disculpa mi desatención, pero es que estoy abrumada con tantas cosas que tengo en la mente; mi nombre es Raquel - Le extendió la mano amablemente.


- No se preocupe, me da gusto conocerla.


Se estrecharon las manos cordialmente. En esta breve conversación y por el tono de su voz, Raquel se dio cuenta de que era una muchacha culta


Caminaron casa adentro y enseguida le preguntó:



- ¿Estudias Aidé?



- Sí, señora. Curso el sexto semestre de una carrera administrativa.



- Excelente, los jóvenes que se preparan son el futuro del país.



- Así es señora. Por las tardes es cuando asisto a clases.



Raquel le iba a contestar, cuando se escucharon voces en la planta alta y el corretear por las escaleras de Iván y Claudia que presurosos bajaban. Llegaron junto a ellas y muy sonrientes observaron a la empleada.


- Aidé, ellos son mis hijos. Muchachos, ella nos ayudará en los quehaceres de la casa y nosotros colaboraremos, si es que acepta el trabajo.


Se saludaron y se presentaron con entusiasmo; Aidé era realmente una chica muy agradable de fácil sonrisa, que inmediatamente les simpatizó a los hermanos. Enseguida Raquel le mostró las áreas que debería asear, a lo que Aidé aceptó con gusto. Después le dijo que saldría con sus hijos por asuntos escolares, pero que seguramente en dos o tres horas estarían de regreso.


Aidé cerró el cancel del pasillo una vez que Raquel al volante y sus hijos alcanzaron la calle en la camioneta familiar. Echó un rápido vistazo a la colonial casa tratando de decidir por dónde empezar. Realmente el área que le asignó Raquel para mantenerla limpia era justo por el sueldo que le pagarían; así es que tomó la escoba y empezó por la planta baja. En unos minutos estaba completamente absorta en su trabajo, entonces, claramente oyó que una regadera en la planta alta estaba abierta…  ¿Quién se bañaba?...

Aunque se extrañó, sobre todo porque la señora no le dijo que alguien se quedó en la casa, sin embargo lo tomó con calma, aunque le pareció raro que le hubiese omitido eso; enseguida al parecer, quien fuera, se terminó de bañar.


Pasaron algunos minutos, Aidé intrigada y un poco incómoda reflexionó ¿quién se quedó en la casa y se acababa de bañar? Con seguridad no era el esposo de la señora, pues claramente le había dicho, lo recordaba muy bien, que el señor estaba trabajando en un céntrico banco. De pronto, estando de espaldas a la escalera, de reojo vio que una silueta se movía, volteó y se quedó estupefacta, ya que una elegante mujer con gran ligereza y sin producir el menor ruido al caminar, bajó las escaleras, atravesó el patio central y  en un instante estaba en el pasillo de salida,  desapareciendo como una corriente de aire. Aidé no salía de su estupor tratando de encontrar una explicación, porque lo más raro era que, vestía como en el siglo XVIII o XIX.


- ¡Vaya! - se dijo… ¡Quizá va a un evento de disfraces!... ¡Pero!... ¿por qué no me vio?... Seguramente es un familiar de la señora e iba muy distraída… ¡Además!... No escuché que haya abierto el cancel - Muy desconcertada, continuó con su quehacer.


Se lo comentó a Raquel cuando regresaron; ésta sintió un escalofrío aunque no lo demostró, afortunadamente Iván y Claudia no oyeron aquello, pues habían subido a su cuarto. Por supuesto, Raquel se inventó una historia para no alarmarla. Le dijo que a una vecina que conoció desde el primer día que llegaron, le prestó un vestido antiguo para asistir a un evento de beneficencia, y se le había pasado decirle que se quedó a ponérselo.


Cuando regresó Alejandro por la noche, Raquel pidió a sus hijos se adelantaran al dormitorio, que ella junto con su padre enseguida subirían. Una vez solos, muy seria le comentó…


- ¡Alejandro!... Esto ya es insoportable... Yo me negaba a aceptarlo, tú sabes que soy escéptica ¡Pero! ... Ahora ya no sé qué pensar...


- Qué pasó mujer… ¡dímelo ya!


- La muchacha que mandó la agencia de empleos, se llama Aidé… Vio un fantasma, Alejandro - luego le contó lo que le platicó la chica - En esta casa hay fantasmas.  O lo que sea… no es normal.  Tenemos que aceptarlo - Raquel estaba muy impresionada.


- Te prometo Raquel, que mañana consultaré con alguien que conozca de estos fenómenos - la tomó por los hombros y la atrajo hacia él tiernamente, ella temblaba ligeramente. Y enseguida le dijo.


- Pero por lo pronto vamos a descansar.



Subieron las escaleras lentamente. Alejandro no la soltó tratando de darle seguridad. Al poco rato ya dormían los cuatro en la amplia cama matrimonial. El reloj de pared luminoso de la planta baja marcaba las l0.25 hrs. p.m. En las cercanas azoteas de las casas de atrás también coloniales, se escuchaban espeluznantemente a varios gatos que en celo maullaban escandalosamente.

Los minutos transcurrieron en medio de aquellos alaridos de los felinos, que a veces se callaban por unos instantes, para luego proseguir con más

fuerza. Cerca de la media noche se hicieron insoportables, al grado que Alejandro despertó de su mal dormir. Entonces se levantó sin prender la lamparita de meza, pues la luz pálida de una luna casi llena entremezclada con la de los focos de las azoteas, se filtraban por la ventana del fondo iluminando tenue y amarillezcamente la habitación; echó un vistazo y descubrió que  tres enormes gatos eran los escandalosos, dos ya peleaban ferozmente, el tercero un poco más chico, seguramente es una hembra y observaba a los rijosos.


Buscó qué lanzarles, pero lo único que encontró fue una pelota vieja de béisbol de Iván pero funcionó, los gatos huyeron asustados. Se regresó a la cama, afortunadamente su mujer y sus hijos no despertaron. Estaba a punto de acostarse nuevamente cuando... sonidos en la planta baja lo hicieron

poner atención; se encaminó a la puerta del cuarto tratando de no hacer ruido. Enseguida pegó una oreja en la madera y aguzó los sentidos… Sí, no había duda, eran voces de hombres y mujeres, que luego se reían, copas de cristal que chocaban, el piano sonaba también suavemente con una melodía clásica antigua.


Regresó de puntillas a la mesita por su revólver. De nuevo en la puerta, giró con suavidad la perilla y la abrió lentamente, un aire helado lo sintió en la cara y también aquellos sonidos los escuchó con más claridad.


La oscuridad era casi total; sabía que el encendedor y apagador de las luces de la planta baja distaba como cinco metros, estaban en dirección de la escalera. Empezó a caminar cautelosamente en esa dirección; fuera lo que fuera, los sorprendería con las luces. Mientras se acercaba, distinguía algunas palabras, no lo podía creer, parecían españoles... ¡Vosotros!...


¡Sabéis!... ¡Venid!, entre otras.

Ahora el encendido estaba al alcance de su mano... Sin dudarlo lo oprimió y la primera planta se iluminó… Quedó muy sorprendido porque aquello, al parecer estaba sincronizado con la luz pues... Al instante  el silencio fue total.


Bajó las escaleras lentamente revólver en mano; todo estaba en calma y en su sitio; no lo podía creer, revisó la sala cocina y comedor, luego se introdujo en los tres enormes cuartos vacíos. En uno claramente percibió un fuerte olor a tabaco y en otro a flores, como nardos y gardenias.  Regresó a la sala y… le esperaba una sorpresa… unas huellas con lodo de unos pies descalzos estaban claramente marcados en el piso. Parecían haberlo seguido, se borraban justo en el pasillo de acceso a los tres cuartos vacíos de donde regresaba, eran aparentemente de mujer o de un niño adolescente… Tal vez aquello lo estuvo siguiendo en su recorrido… Sintió un escalofrío…Porque ahora se daba cuenta de que estaba lloviznando, afuera había lodo…Aquello, lo que sea, entró de la calle atravesando la puerta y el cancel.


Ante lo inverosímil de todo, Alejandro sintiéndose nervioso continuó caminando rumbo a la planta alta. Sin embargo, presentía que alguien lo observaba; cuando llegó a la mitad de la escalera, claramente escuchó a sus espaldas una voz de niño que dijo… ¡Alejandrooo! ... Con la piel chinita volteó lentamente y… no había nadie.  Apresuró el ascenso de las gradas hasta el apagador, lo oprimió y la oscuridad fue casi total; el tramo para llegar a la puerta de su habitación le pareció largísimo; antes de abrirla escuchó una risita infantil o de adolescente, no quiso saber más convencido

de la anormalidad de aquello. Se introdujo rápidamente y la cerró con

seguro. Raquel había despertado, afortunadamente sus hijos no. Con la

lamparita de mesa encendida, le platicó todo en voz baja. Ella le comentó

que estaba a punto de bajar, pues quería acompañarlo, él buscó tranquilizarla diciéndole que tratara de dormir, que encontraría a alguien

a quien consultar sobre este tipo de fenómenos llamados paranormales.


Así lo hicieron, aunque no les fue fácil conciliar el sueño, pues el resto de la noche los ruidos en la planta baja continuaron. Por fortuna, Iván y Claudia con sueño profundo no despertaron.


 


Continuará...


 









*NOTA: Se trata de una historia basada en hechos reales. Esto le sucedió a una familia en la década de los 70 en Morelia, Michoacán (México).




 


José Silva Vázquez


 


 


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