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Paranormal - Cap. 3

Otra bonita mañana; Raquel, junto con Claudia e Iván, regresaban del supermercado con comestibles. Alejandro había salido muy temprano en su primer día de trabajo, afortunadamente la institución bancaria a...

TERCER DIA: (lunes)



Otra bonita mañana; Raquel, junto con Claudia e Iván, regresaban del supermercado con comestibles. Alejandro había salido muy temprano en su primer día de trabajo, afortunadamente la institución bancaria a la que prestaba sus servicios desde hace ya algunos años, estaba cerca de la tétrica casona, de tal forma que no utilizaría el automóvil; un agradable caminar de diez minutos, lo llevaba a la puerta de su trabajo. Pero a Raquel y a sus hijos les esperaba una sorpresa,  algunos utensilios de cocina los habían movido, también las sillas  del comedor no estaban en su lugar; no salían de su asombro cuando, escucharon con claridad que la regadera del baño de una de las habitaciones estaba abierta,  alguien se bañaba. Como hipnotizados por el estupor, los tres comenzaron a subir las escaleras lentamente; Raquel por delante, Claudia atrás la sujetaba por la cintura y el pequeño Iván a su vez, se agarraba de su hermana. Así,  poco a poco, cada vez más, se acercaban al cuarto donde el sonido del agua saliendo de la regadera, era más fuerte. Se dieron cuenta que provenía de la matrimonial, la puerta estaba abierta; Raquel abrigaba la esperanza de que fuera su marido, que por algún motivo fuerte regresó a bañarse, aunque eso era muy improbable, pues ya lo había hecho muy temprano como todos los días.


Ahora estaba nada más de por medio la puerta del baño; le llamó con voz fuerte y clara.



- ¡Alejandro! ... ¡Alejandro! ... ¿Eres tú?



Nadie respondió. Entonces tocó en la puerta con fuerza varias veces, y ante la nula respuesta, se dispuso a abrirla. Tomó con decisión la perilla esperando no tuviese el seguro; no, no estaba puesto, esta giró suavemente, entonces la abrió rápidamente… Una nube de vapor por el agua caliente le dio de lleno en la cara, para enseguida darse cuenta de que nadie se estaba bañando; Iván y Claudia también lo comprobaron atónitos un poco más atrás. Raquel cerró las llaves, enseguida volteó a ver a sus hijos que estaban anonadados… No lo podían creer… Claudia fue la primera que balbuceó.



- ¡Mamá! ... ¡En esta casa hay fantasmas! ... ¡Son fantasmas mamá!



Iván, sin soltar a su hermana gritó:



- ¡Mama! ... ¡Háblale a mi papá a la oficina! ... ¡Dile que venga!

- ¡O llama a la policía mamá! ... ¡Tal vez alguien se metió y está escondido! Claudia casi gritó.

- ¡Tranquilos muchachos! ¡Nadie sé ha metido! ... Seguramente las regaderas estaban abiertas… Llegó el agua de repente y…- Raquel se esforzaba por estar serena.



- ¡Mamá! ¿Pero entonces las sillas quien las movió? - Claudia estaba asustada.



Raquel iba a contestarle, cuando se escuchó claramente que abajo estaban moviendo las sillas. Iván y Claudia se abrazaron; Raquel empezó a creer que Claudia tenía razón, alguien se introdujo a la casa, el teléfono no estaba instalado aún, trataba de pensar rápido; se encerrarían en una habitación, pero no, apenas eran las doce del día; Alejandro no vendría hasta la noche, lo mejor sería bajar con cautela y correr hasta ganar la calle.



Con un ademán, les pidió silencio a sus hijos… Enseguida, lentamente comenzaron a descender. Cuando llegaron a la  sala y el comedor, se dieron cuenta con sorpresa de que habían acomodado las sillas. Alcanzaron con rapidez la puerta de la calle; Raquel la abrió, vio el movimiento de gente y automóviles, esto le dio confianza y alivio. Entonces les indicó a los muchachos que se mantuvieran a la expectativa, que echaría un vistazo. Ellos le pidieron que no fuera, pero Raquel se encaminó con resolución hasta el comedor nuevamente, después a la sala y a la cocina, lo revisó todo, no había absolutamente nadie.


Entonces los muchachos con recelo al principio accedieron a meterse; luego ya mas confiados revisaron toda la casa, comprobando que nadie se había metido… Pero entonces… ¿Quien abrió las regaderas? ... ¿Y quién desacomodó y volvió a acomodar las sillas del comedor?... Raquel les pidió a sus hijos calma, y esperar a que llegara su padre para platicarle, alguna explicación deberían tener todas estas cosas extrañas; el resto del día fue tranquilo.



Por la noche regresó Alejandro. Los muchachos inmediatamente lo pusieron al tanto de aquello. Él trató de tranquilizarlos diciéndoles que tal vez sí fuesen fenómenos paranormales, pero que éstos son inofensivos; que en cuanto tuviese oportunidad, consultaría a algún experto en estas cuestiones. Por lo pronto, cenaron frugalmente y subieron todos a la recámara, pues había sido un día muy pesado.



Así pues, en un momento más todos trataban de dormir, e igualmente que los días anteriores, Alejandro se acomodó en la colchoneta, enseguida todo fue silencio; sólo se escuchaban los apagados sonidos de los vehículos de la calle que cada vez pasaban menos. También a la distancia, algunos perros ladraban.




Raquel en lo profundo del sueño, escuchó un llanto femenino, tan claro que la despertó, pensando que se trataba de un sueño, encendió la pequeña lamparita de mesa, tomó un sorbo de agua del vaso que siempre colocaba por un lado; sus hijos dormían profundamente y su marido también, menos mal, pensó. Apagó la lámpara y se dispuso a seguir durmiendo, pero una tenue luz se filtraba por la  ventana que daba al patio trasero y las azoteas vecinas;  acababa de cerrar los ojos cuando los volvió a abrir totalmente, sintió un escalofrío, aquel lastimero llanto que creyó era un sueño, lo estaba escuchando claramente; levantó un poco la cabeza para oír mejor… No había duda, aquel llanto provenía de la planta baja.


No quería despertar a Alejandro hasta no estar completamente segura, ya que todo volvió a quedar en silencio; pasaron quizá treinta segundos… cuando de pronto, un espasmo la sacudió levemente; ahora aquel llanto se escuchaba más cerca, como a la mitad de la escalera, la que lloraba se iba acercando; enseguida nuevamente silencio… Luego comenzó a sentir que el corazón le latía más fuerte porque, algo o alguien se arrastraba por el pasillo… Aquello cada vez se acercaba más y más… Raquel estaba paralizada, no podía hablar y sentía la respiración pesada, quería que fuese una pesadilla pero no, estaba consiente, completamente despierta.



Nuevamente, unos segundos de profundo silencio… Luego no pudo contener un grito… Lo que fuera lo que lloraba y se arrastraba, estaba por fuera de la puerta… como a punto de entrar.



- ¡Alejandroooooooo!



Alejandro despertó de golpe, y de igual forma Claudia, menos Iván.

- ¡Qué te pasa mujer! ¿Qué tienes? ¿Por qué gritas? Alejandro y Claudia la veían que estaba asustada, impresionada… Pensaron que sufrió una pesadilla.



Ella, pegando el dedo índice a los labios, les pidió silencio; y en voz baja les explicó que alguien, una mujer, lloraba afuera y que ahora estaba exactamente a una puerta de por medio. Alejandro le comentó en voz baja que quizá lo soñó; Claudia estaba expectante. Raquel prosiguió hablando en voz baja pero enfatizada…



- ¡No lo soñé! ... ¡Eso! ... ¡Subió arrastrándose y llorando! ... Y ¡Quiere entrar! - mantenía la mirada fija en la puerta.



Alejandro le iba a contestar cuando, en efecto… Todos escucharon el llanto. Parecía que aquella que lloraba, sufría un gran dolor, una gran pena… Era un llanto desgarrador…



- ¡Diosito santo! ... ¡Quién está afuera? - exclamó Claudia con gran impresión.



Los tres permanecían paralizados por el terror. Luego, el desconcertante roce con el piso de un cuerpo que se arrastraba alejándose y sollozando; Alejandro, después de unos segundos reaccionó. Se paró, se calzó las pantuflas, tomó la pistola y encendió las luces de la habitación. Enseguida con rapidez llegó a la puerta y la abrió con decisión, todo afuera estaba oscuro.


Caminó unos pasos buscando el encendido de los pasillos y la planta baja. Se iluminaron esas partes… Se acercó al inicio de la escalera y echó un vistazo… Todo estaba en silencio… Lentamente empezó a descender.

Llegó a la sala, al comedor, buscó minuciosamente también en los tres cuartos vacíos de la planta baja… El silencio era total, y por supuesto, ninguna explicación de aquel llanto. Regresó a la habitación y por primera vez comentó que tal vez si había fantasmas. Le pidieron dejara la colchoneta y se acostara en la cama. Así lo hizo, con sus hijos al centro, no tardaron en volver a quedarse dormidos, en el resto de la noche no se escuchó ningún otro ruido...


 


Continuará...


 


*NOTA: Se trata de una historia basada en hechos reales. Esto le sucedió a una familia en la década de los 70 en Morelia, Michoacán (México).


 


José Silva Vázquez


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