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Paranormal - Cap. 2

Con una mañana realmente esplendorosa y la energía renovada por el descanso, el ánimo de la familia era muy bueno; incluso, lo que asustó a los muchachos anoche le restaron importancia, aduciendo todos que fue producto del ajetreo normal de la mudanza. Por eso con actitud positiva y alegre, decidieron salir a desayunar y conocer un poco la colonial ciudad. Estaban impresionados con algunos datos...

SEGUNDO DIA: (domingo)


 


Con una mañana realmente esplendorosa y la energía renovada por el descanso, el ánimo de la familia era muy bueno; incluso, lo que asustó a los muchachos anoche le restaron importancia, aduciendo todos que fue producto del ajetreo normal de la mudanza. Por eso con actitud positiva y alegre, decidieron salir a desayunar y conocer un poco la colonial ciudad. Estaban impresionados con algunos datos históricos de parte de Alejandro, que era el único que ya había estado antes en Morelia. Apenas daban crédito a sus ojos al enterarse que, en la “Plaza De Los Mártires” (o plaza de armas), por la antigua “Calle Real” (hoy Av. Madero), en “Los portales”, o por la “Plaza Melchor Ocampo”, un día caminaron como ellos lo hacían ahora: Hidalgo, Morelos, Matamoros, Iturbide, Ocampo, El emperador Maximiliano, Porfirio Díaz, Lázaro Cárdenas Del Río y otros protagonistas de la historia de México; desayunaron en los pintorescos portales para regresar a media mañana a la enorme casona.



Continuaron con ahínco acomodando las cosas en su lugar, ahora con la colaboración de todos. Para comer al medio día, Raquel salió a comprar las tradicionales corundas. La tarde languidecía cuando terminaron de poner en orden la mayor parte de sus pertenencias, sólo quedaban detalles. Cansados, se sentaron en torno al comedor; los muchachos dijeron que tomarían un vaso de leche y después irse a su cuarto.



Se disponían a hacerlo cuando... Nuevamente el gran estrépito del día anterior se escuchó con gran resonancia por toda la casona. Los gritos de Iván,  Claudia y Raquel también resonaron con ecos; Alejandro tratando de guardar la calma, clavó la mirada en la segunda planta con los músculos tensos.



- ¡Ahora no dirás otra vez que fue un gato Alejandro! - Raquel, igual que los demás miraban azorados hacía la planta alta.



Enseguida, impetuosamente corrió por la escalera de dos en dos escalones, como para intentar atrapar aquello que provocaba ya por segunda ocasión los altisonantes ruidos... Y como la primera vez, a los pocos minutos regresó bajando las escaleras lentamente, cabizbajo, en actitud meditativa. Su familia lo miraba en silencio, expectantes, esperando una explicación.



- Otra vez… No me creerán nuevamente… Pero… No pasó nada… Todo está en orden - El semblante de Alejandro era de estupefacción, aunque trataba de disimularlo.



- ¡No puede ser papá! ... ¡Todos lo oímos! ... ¡Estallaron los vidrios de alguna ventana, o del tocador! - Claudia reflejaba angustia.



El pequeño Iván abrazado a su mama buscaba protección instintivamente. Alejandro les pidió calma y los invitó a sentarse en torno al comedor;  luego trató de serenarlos...



- ¡Miren! ... No hay de que alarmarse, todo tiene una explicación lógica; por ejemplo los ecos retardados; hay fenómenos que aparentemente son sobrenaturales pero que a la larga se descubre el porque, y pues... Da mucha risa de lo que se pensaba que eran fantasmas -  Los miró a los ojos uno a uno tratando de ser convincente.

Se esforzaba por estar auténticamente sereno, al explicar sus puntos de vista de lo que ocurría. Claudia, que estaba de frente a la escalera, quizá por la tensión expresaba en sus ojos los claros signos del sueño... Cuando entonces…



- Aaaaaaah! ¡Aaaaaaah! - Los inesperados gritos de la adolescente hizo brincar a los demás, fijando en ella sus miradas. La muchacha a su vez, no apartaba la vista de la planta alta...



- ¡Qué te pasa Claudia, por qué gritas? - Alejandro la interrogó con cierta severidad.



- ¡Ahí papá! ... ¡En el barandal! - La joven señaló con el dedo índice la parte superior de la escalera - ¡Alguien estaba parado observándonos! ... ¡Era una blanca figura! ... ¡Lo juro!



- Tranquila Claudia! ¡Seguramente lo imaginaste! - Alejandro trató de tranquilizarla.



- ¡Te lo juro papá! ... ¡Una figura blanca nos estaba mirandooooo!  ¡Parecía una mujer!



- ¡Serénate hija! ¡Tu papá y yo iremos a revisar! Raquel se puso de pie.



Después de aproximadamente quince minutos, Raquel y Alejandro bajaron de regreso, lentamente y en silencio... En sus rostros se reflejaba la incertidumbre, que desde luego trataban de ocultar. Los adolescentes los miraban fijamente esperando una amplia explicación. Alejandro, solamente se limitó a decir:



- Subamos muchachos... Es hora de dormir.



- ¡Pero papá! ... ¡¿Quién era esa mujer?



- No era nada Claudia, tranquila. Seguramente estabas quedándote dormida



- ¿No me creen? ... ¡Pero les aseguro que alguien nos observaba!



Comenzaron a subir las escaleras en compacto grupo; Claudia repetía muy nerviosa:



- ¡Les juro que una figura de blanco nos miraba! ... ¡Estoy segura que era una mujer! ... ¡Hasta tenía un sombrero anticuado!



Su madre la abrazaba para que no tuviese miedo, y le aseguraba que todo lo había imaginado. Así llegaron  a la recámara matrimonial, pues los muchachos ni de chiste pensaban regresar a su cuarto; juntos con Raquel ocuparon la cama, Alejandro, como la noche anterior se dispuso a acostarse en la colchoneta, enseguida trataron de dormir.



En unos minutos todos lo hacían, menos Alejandro que no dejaba de pensar en los extraños acontecimientos. De pronto... Claramente escuchó, aunque como un murmullo primero, voces en la planta baja, aguzó el oído para estar seguro; si, no había duda, alguien abajo o varias personas platicaban; hasta ruidos de tazas, platos y cucharas eran muy claros. Raquel había despertado y escuchaba también:



- ¡Alejandro! ... ¡Alejandro! ...¿Estás oyendo?



- ¡Sssssh! ... Claro que estoy oyendo… Baja la voz, no se vayan a despertar los muchachos.



- Tú crees Alejandro… qué alguien se metió?



- No sé Raquel… iré a ver…



Pero enseguida, todo quedó en silencio. Transcurrieron unos segundos y luego... Claramente oyeron que estaban tocando el piano; solo unas cortas notas y otra vez silencio.



Entonces Alejandro, decididamente se paro de un salto, buscó su revolver en un cajón y se dispuso a salir...



- Ten cuidado, por favor. Raquel habló muy nerviosa.



- Por supuesto. Tú permanece tranquila  ¡Y no salgas por nada!



En pijama y pantuflas, pero sujetando con firmeza la pistola, sigilosamente abrió la puerta del cuarto. Caminó lentamente hasta el fosforescente apagador que iluminaría la planta baja... Todo era silencio... Enseguida, con decisión lo oprimió... Las luces de la planta baja se encendieron. Entonces, escalón por escalón, con el revolver presto, empezó a bajar. Así, revisó todo minuciosamente pero, no había nada fuera de su lugar. Muy intrigado apagó nuevamente las luces y regresó a la recámara; le explicó a Raquel y ésta se negaba a creer, pues muy claramente oyeron voces, ruidos de trastes y tocaron el piano. Permanecieron despiertos otro rato, pero ya no se oyeron más ruidos...


...Luego se quedaron dormidos...


 


Continuará...


 


*NOTA: Se trata de una historia basada en hechos reales. Esto le sucedió a una familia en la década de los 70 en Morelia, Michoacán (México).


 


José Silva Vázquez


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