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Paranormal - Cap. 1

- ¡Tengan cuidado por favor! ... ¡Es lo que más les encargo! Alejandro caminando hacía atrás, moviendo las manos nervioso, les mostraba el camino a los de mudanzas para llegar hasta el lugar donde quedaría el piano, en...

PRIMER DIA (sábado)




- ¡Tengan cuidado por favor! ... ¡Es lo que más les encargo!



Alejandro caminando hacía atrás, moviendo las manos nervioso, les mostraba el camino a los de mudanzas para llegar hasta el lugar donde quedaría el piano, en la enorme sala de la planta baja.



Esto fue lo último que bajaron del camión. Luego su esposa Raquel, sus hijos, la adolescente Claudia, y el pequeño Iván de 11 años, irrumpieron entonces en la desordenada casa. La observaron en silencio, era una enorme mansión colonial en el primer cuadro de la ciudad de Morelia, por supuesto mucho más de lo que necesitaban.



- Es muy grande - habló por fin Raquel rompiendo el  mutismo expectante



- Es muy grande... En efecto - contestó Alejandro, y continuó - Realmente es muy barata la renta para su tamaño, tal como me lo dijo el agente de bienes raíces –



- Una casa mucho más chica hubiera sido mejor...  ¡Imagínate para el aseo! - Raquel hizo un rápido recorrido calculador con la vista, arriba y abajo de la mansión.



- No te apures mujer, contrataremos quien se encargue de eso, por supuesto; por lo pronto, alegrémonos de haberla conseguido - sonrió Alejandro tratando de contagiar optimismo a la familia.



- ¡Quiero ver mi recámara! - Gritó entonces Iván con entusiasmo.



- ¡Nuestra recámara! - Corrigió Claudia.



- ¡Claro! ... ¡Vamos a subir! -Alejandro se unió a propósito al naciente entusiasmo de sus hijos.

 

- Afortunadamente ya están en orden, y la nuestra también - Sonreía exageradamente, en el fondo igual que su familia estaba sorprendido, nunca se imaginó cuando el agente le dijo el costo de la renta, que fuese tan grande, tan céntrica… Y tan sombría.



Estaban a punto de subir la escalera con pasamanos de madera, cuando con toda claridad escucharon que en una de las recámaras, seguramente se rompió un espejo o vidrio grande. Fue tal el estrépito que Claudia dio un grito, el cual resonó en ecos por toda la casona, Iván instintivamente se recargó en su madre que lo abrazó,   exclamando esta.



- ¡Qué fue eso, Alejandro!?



- ¡Tranquilos! ¡Tranquilos! ... Iré a ver... Seguramente un gato que se metió-



A grandes zancadas, subiendo las escaleras de dos en dos, llegó a la segunda planta, los demás lo perdieron de vista. Después de un momento de expectante silencio, bajó  cabizbajo y pensativo.



- ¡Qué pasó papá! ¿Ahuyentaste al gato? - Le pregunto Claudia muy intrigada.



Éste, con claro semblante de desconcierto, los vio a todos y con una tímida sonrisa les comentó...



- No me lo van a creer, pero... No pasó nada... O sea... No hay ningún gato... No se quebró nada…

- ¡Eso no es posible! ... ¡Fue un gran estruendo! Raquel como los demás no lo podían creer.



- Vamos, suban... No pasa nada… Siempre hay una explicación para todo - Pensaba rápidamente que decirles, pues él mismo estaba intrigadísimo.



- ¡Cuál es papá? El menor de la familia veía fijamente a su padre esperando la respuesta-



- ¡Eh! ... pues verán... quizá fue en la casa vecina, y... y pareciera que fue aquí -



- ¡Papá por favor! ... ¡Por supuesto que fue aquí! ... ¡Todos lo oímos claramente! El bello rostro de Claudia, con el ceño fruncido, rechazaba el argumento de su papá.



- Bueno… Hay otra explicación - Alejandro titubeaba buscando aclarar aquello que desde luego, el mismo no entendía.



- ¡Cuál Alejandro! ... ¡Cual por favor! Raquel su mujer, mostraba claros signos de inquietud.



- ¡Tranquila Raquel!  Tranquila… Se supone que tú y yo debemos guardar la calma en todo - Le hizo un discreto gesto señalando a sus hijos, y continuó.



- He leído de autores dignos de crédito, que en algunos lugares y circunstancias especiales se conservan los sonidos, los cuales se manifiestan incluso años después, una especie de ecos retardados… - La explicación también, hasta para sí mismo, era lo único que se le ocurría.



- Pues a mí no me convences, la casa está muy tétrica - Raquel miró hacia todos lados nerviosa.



- ¡Son fantasmas, papi! ... ¡Vi una película de una mansión embrujada! - Iván no soltaba a su mamá



- Desde luego que no es nada de eso Iván… No empecemos a imaginar cosas, porque entonces nos sugestionaremos - Alejandro pasó la mano por el pelo de su hijo. 



Enseguida comenzó a subir lentamente la escalera, volteó sonriente a verlos a todos, tratando de darles confianza para que lo imitaran.



Por fin lo siguieron. Iván inmediatamente tras él, luego Claudia y atrás Raquel; en compacto grupo revisaron las dos recámaras amuebladas, todo estaba en orden tal como lo dijo Alejandro. En la enorme casona el silencio era casi total, sólo en la calle se escuchaban los apagados sonidos del tráfico disminuidos por los gruesos muros de la colonial construcción, que según el agente de bienes raíces databa del siglo XVIII. La tarde languidecía, por lo que decidieron bajar al comedor, cenarían cualquier cosa ligera y se irían a dormir, estaban cansados del viaje que habían hecho desde Guadalajara.



Raquel preparó algunos sándwiches. Claudia e Iván fueron los primeros en comer uno cada uno con un vaso de leche, enseguida manifestaron el deseo de irse a su recámara, pero no sin que los acompañaran, pues sentían miedo. Raquel subió con ellos, los acomodó y los cobijó cariñosamente; casi inmediatamente se quedaron dormidos, los besó y regresó con Alejandro que tomaba un café, ella también se sirvió uno y encendió un cigarrillo, exhaló el humo y comentó.



- Sería bueno que acomodáramos algunas cosas Alejandro, estoy un poco cansada, pero la verdad que no tengo sueño, no sé tú…





- Por supuesto que estoy de acuerdo contigo, además que apenas son las nueve, podemos trabajar hasta la madrugada, continuar mañana domingo y dejar todo en orden. El lunes ya no podría ayudarte mucho pues, como tú sabes, tendré que presentarme a trabajar y tomar las riendas de la subgerencia del banco. Alejandro también había encendido un cigarro.



- Pues entonces manos a la obra... ¿Qué te parece si comenzamos por acomodar bien el piano? Raquel se paró con entusiasmo.



Alejandro la imitó y decididamente movieron el piano hasta el lugar que eligieron, siguiendo con otros muebles... En poco tiempo estaban completamente absortos, tanto que no sintieron pasar las horas... Cuando de pronto... Gritos alarmados de Iván y Claudia resonaron por toda la casona.



Como impulsado por un resorte, Alejandro corrió hacia la segunda planta seguido por Raquel, abrió la puerta de golpe y entró a la habitación iluminada por la lámpara de mesita, encontró a sus hijos que abrazados no dejaban de gritar; rápidamente encendió la luz principal de las lámparas del techo, al tiempo que entraba Raquel muy angustiada.



- Tranquilos! ... ¡Cálmense! ... ¿Qué les pasa? ... ¿Qué tienen? Alejandro los tomó por los hombros.



Inmediatamente el pequeño Iván se refugió en sus brazos, y de igual forma Claudia en los de su madre.



- ¡Tranquilos pequeños! ... ¿Por qué gritan? ... ¡Aquí estamos ya su mamá y su papá! ... ¡No hay nada que temer! Raquel sentía claramente cómo Claudia temblaba.



Por fin, poco a poco se fueron calmando, entonces Claudia pudo decir… ¡Alguien estaba en la habitación mama! ... ¡Me jalaron el cobertor hasta destaparme! ... ¡Y a Iván también!



Entonces repararon en que, efectivamente, los cobertores de ambas camas estaban en la alfombra, a los pies de las mismas. Observó también Alejandro, que la ventana del fondo permanecía abierta y el viento movía las cortinas. Se encaminó hacia ahí rápidamente tratando de encontrar el motivo de la alarma de sus hijos, pero, sólo vio el patio trasero y varias azoteas allá abajo, era imposible que nadie subiera o bajara por ese lugar.



- Papi! ... ¡Quién sabe que me dijeron en los oídos! ... ¡Yo pensaba que estaba soñando! ... ¡Luego se empezó a mover el cobertor hacia mis pies! ... ¡Yo lo vi clarito! - Iván estaba muy impresionado.



- ¡Papá! ...¡Mamá! ... ¡Por favor no se vayan! ... ¡O llévenos con ustedes a su recámara! - El miedo se reflejaba en el rostro de Claudia.



- ¡Tranquilos muchachos, por favor! ... ¡Claro que se irán con nosotros a seguir durmiendo!



- ¡Mamá! ... ¡Tengo mucho frío! - Iván temblaba.



Entonces Raquel y Alejandro se percataron que, en efecto, el cuarto estaba sumamente helado... Una temperatura tan baja, desde luego era muy extraño.

Alejandro salió cargando a Iván, tras ellos Raquel abrazaba por los hombros a Claudia, la soltó un momento para cerrar la puerta... Aprovechó para echar un último vistazo hacia el interior, todo parecía normal, salvo el frío que acá afuera ya no se sentía tanto. Llegaron a la recámara matrimonial, la aseguraron bien por dentro y se dispusieron a dormir. Alejandro se tiró a un costado de la cama en una colchoneta, con las tensiones del día enseguida se quedaron dormidos.

En la madrugada, le pareció a Alejandro escuchar voces en la planta baja, pensó que estuvo soñando o quizá fuese en la calle, no hizo mayor caso y siguió durmiendo.


 


Continuará...


 




*NOTA: Se trata de una historia basada en hechos reales. Esto le sucedió a una familia en la década de los 70 en Morelia, MIchoacán (México).




José Silva Vázquez


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